sábado, febrero 21, 2009

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Lucia

No te llamo mía. Comprendo con claridad que jamás lo fuiste, y por eso me siento castigado duramente, por haberme asido a esa idea como a mi única alegría. Pero te llamo mía, mi seductora, mi embaucadora, mi enemiga, motivo de desventura, sepulcro de mi dicha, abismo de mi desdicha.
Te llamo mía y me digo tuyo: y estas palabras, que antes acariciaban tus sentidos arrodillados delante de mi en adoración, han de sonar como una maldición sobre ti, una maldición para toda la eternidad.
Pero no debes alegrarte por esto, ni imagines que, persiguiéndote en vano o tal vez armando mi mano con un puñal, deseo provocar tu burla. Vayas a donde vayas, seguiré siendo tuyo, siempre y a pesar de todos; aunque te marches a los confines del mundo, seré tuyo; aunque ames a otros hombres, seré tuyo, tuyo hasta la muerte. El mismo lenguaje que empleo contra ti demuestra que lo soy. Te atreviste a una gran villanía seduciéndome a mí, pobre criatura, para quien tú lo eras todo, y yo no deseaba ningún otro gozo más que ser tu esclavo.
Sí, soy tuyo, tuyo, tuyo, tuyo, soy tu maldición.

Tu Aarón

2 comentarios:

Anónimo dijo...

Se asemeja a Diario de un seductor, de Kieerkegard

Aarón dijo...

Es de Diario de un Seductor, de Soren K.

¿Para que te pones de anonimo?, hueles a Maur. ¿Sera?.